Tuesday, May 17, 2016

               EL SER HUMANO Y SU EXISTENCIA



 La historia del ser humano ha sido una constante lucha contra las adversidades de la naturaleza, al tiempo que busca resolver  el misterio de la vida. Es decir, en la parte material ha tenido que enfrentar hambrunas, epidemias, guerras, diluvios y en fin toda una situación de sobrevivencia. En esa lucha, encontró un gran aliado: La fe. Es decir un conjunto de creencias que fueron conformando distintas religiones, las cuales  en cierta forma dan una respuesta al misterio de la existencia. 

 En el plano material, se han obtenido grandes logros. Con la ayuda de las instituciones religiosas que se encargaron de infundir en la población principios morales de convivencia, al tiempo que  preservaron  el conocimiento humano a través de los siglos, se fueron generando más bienes y liberando espacio  para el estudio y la investigación. Ya, a comienzos del siglo XIV, puede verse en los pensadores de la época una mayor libertad en sus investigaciones y emprendimiento que los conducen a obtener grandes éxitos en el plano científico y tecnológico. Con el tiempo, estos avances fueron seguidos por reformas en el campo económico, social y político. En los últimos siglos, la sociedad ha crecido de manera sin precedentes en la historia de la humanidad. La expectativa de vida de los seres humanos se ha incrementado de manera significativa y de igual forma los medios para combatir sus carencias y  enfermedades. A la vez,  dispone de mayor tiempo  para su formación, el ocio y el entretenimiento. 

Sin embargo, en el plano espiritual los seres humanos parecen no haber logrado mucho en la aclaratoria de su origen y destino, a pesar del esfuerzo de muchos pensadores e investigadores en encontrar una explicación a la existencia. Más bien, pareciera que el tema ha sido dejado de lado. En la medida que vamos resolviendo nuestras necesidades inmediatas, la función de las instituciones  religiosas podrían  ser liberadas de su labor cotidiana en el sentir de la gente. 

No obstante, a pesar de que el mundo moderno nos trasmite la impresión que las personas solo se interesan por lo material, el ser humano sigue siendo esencialmente espiritual. El tema de la existencia, aun estando siempre presente en nosotros, no forma parte de nuestras conversaciones diarias y mucho menos de las noticias. Tal vez, por temor a cuestionar las enseñanzas que hemos recibido, por ignorancia, o simplemente por falta de convicción sobre las revelaciones que han hecho las distintas instituciones religiosas a la cuales pertenecemos. 

Las religiones todas explican la creación del ser humano como la acción de un ser superior, lo cual es aceptado por sus seguidores como un acto de fe, puesto que no  existe una explicación racional. Pero la importancia de las religiones no es realmente  ésta. Su función es más bien   encontrar alivio a las penurias de los seres humanos y transmitirles normas de convivencia sana. 

La comunidad científica tampoco ha podido  dar una declaración satisfactoria a la colectividad. Su teoría de la evolución, tal vez sin ser rechazada abiertamente, no tiene las evidencias suficientes para que los creyentes de las distintas religiones la acepten como válida. 

Pero, a pesar de no tener una revelación convincente, todos los seres humanos, creyentes y no creyentes, invocan a su Dios cotidianamente, en la toma de sus decisiones. Intuimos una razón y actuamos en base a ella. Por eso siempre recordamos la famosa frase de Pascal: ´Le cœur a ses raisons que la raison ne connaît point¨ ( El corazón tiene razones que la razón no conoce ).

Las sagradas escrituras pueden describir a Dios como el creador del ser humano y lo podemos asumir como cierto: por convicción, por un acto de fe o simplemente por obediencia. La frase de Pascal nos induce a pensar que la existencia de Dios no tiene una explicación racional, tenemos que creer, tenemos que tener fe. Pero, lo que si podemos estar seguro es que si Dios no existía, el hombre lo creo. Y éste si es un acto perfectamente racional. No podemos concebir a un hombre sin corazón, sin Dios. Yo creo en Dios porque me siento libre de hacerlo y no porque me lo indique las Sagradas Escrituras, me lo exija la Iglesia o por temor al castigo divino. Creo en Dios porque me sale del corazón. 

El misterio de nuestra existencia seguirá. Es parte de nosotros. Pero, con la ayuda de las religiones, la libertad y el emprendimiento de los ciudadanos, podemos enfrentar mejor las adversidades naturales.Unos , sembrando el amor, enseñándonos que todos somos hijo del mismo Dios, que todos somos iguales y que tenemos que querer al prójimo como a uno mismo. Otros , incrementando  el suministro de bienes para satisfacer la salud y el confort de la humanidad. 

Quisiera terminar recordando una canción magistralmente interpretada por Celia Cruz: ¨La vida es un carnaval ¨y hay que seguir cantando...............


José Antonio Borges